Nuestra declaración de intenciones podría ser…

… y afirmaremos que -por encima de todo- entendemos de lo que pasa en el paladar, que lo nuestro contigo es como la quintaesencia de lo que no se puede explicar pero queremos compartir.

Prometeremos que en los ambientes y en el entorno de nuestra cocina procuramos hacer algo singular que está a tu disposición, que sabemos bien qué hacemos y estamos condenados a tratar de ser buenos por autoimposición, por profesionalidad y por vocación.

Sigue, please... abajo hay más

Podremos decir que los pescados vienen de la lonja bien frescos, que en la bahía la calidad de las aguas es excelente. También diremos que las variedades de nuestros tomates son escojidas por las notas de olor que indican su origen natural, que nuestra selección de verduras te aproxima a dios sabe qué. Afirmaremos sin duda que las carnes proceden de D.O. y que nuestra bodega está repleta de vinos seleccionados por su excelencia. Firmaremos que la construcción de nuestros platos tiene un orden armónico que concilia tradición e innovación.

Bla, bla, bla... tenemos una propueta

Bla, bla, bla…

¡Mejor que vengas y juzges por ti mismo!

Nosotros solo somos un verso suelto entre fogones, una casilla en el sudoku de las combinaciones aromáticas, una parte infinitesimal en la ecuación de los sabores.